Implícitamente, esto redefine la relación entre el paciente y el profesional médico, dotando a la relación terapéutica de un gran valor en sí misma: las personas pueden expresar sus dolencias y sentirse escuchadas de manera empática, al mismo tiempo que asumen un rol activo en el mantenimiento de su salud, trabajando en las múltiples dimensiones mencionadas para ir generando un bienestar sostenido en el tiempo.
Este enfoque integrativo a menudo queda fuera de los modelos convencionales de salud, que se centran en un enfoque más biomédico, pero son evidentes los efectos positivos de la complementariedad entre ambos modelos, tanto en el ámbito de la Prevención en Salud como en el tratamiento.